El Abismo, Ars Descentium
Un viaje interior desde el quebranto hacia el inicio del resurgir
Un descenso sin red por la ansiedad, la enfermedad, la herencia y la locura, escrito para quien alguna vez tocó fondo. Más de cien poemas que no embellecen el dolor: lo atraviesan hasta encontrar dónde vuelve a nacer la luz.
Leer el primer poema
Ad Descendum
He descendido sin alas, y sin embargo, caí suave como un rezo sin sentido cuando el alma olvida su idioma. La noche me besó los párpados y dijo: “Ven, aún no sabes quién eres”. No fue un salto, fue un deshilacharse lento, con la dignidad de los caldenes y la nostalgia de las piedras que extrañan el río. Caminé sobre el humo de mis certezas, mis pasos fueron dudas con forma de eco, y cada sombra tenía un rostro que alguna vez me amó. En el descenso, todo lo alto pierde sentido: la gloria, la cima, el dios invocado, espejismos que ya no responden. Caer fue mi manera de orar. El barro reconoció mi nombre. Las raíces me abrazaron con ternura ancestral. Y supe —por fin— que el fondo también canta. Descender hacia el abismo, pero no por huida, sino por necesidad sagrada, como quien se arranca la piel para encontrar el hueso que aún recuerda la luz.
«Si alguna palabra de estas toca tu herida, no pretendo que te sane… sino que te acompañe.»
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